La parroquia de San Xoán de Esmelle es un ejemplo de apuesta por la protección del patrimonio paisajístico, arquitectónico, lingüístico y etnográfico. Una apuesta que, como todo lo verdaderamente importante, nació en el seno de la comunidad. Fue la gente quien consiguió movilizar a las instituciones, y no precisamente al revés, para hacer que hoy Esmelle sea citado como ejemplo en toda Galicia. Y lo conseguido no puede dejar de subrayarse, porque ha venido a demostrar que lo que en otros lugares fue destruido por la barbarie, podría haber sido, en Galicia entera, un motor del desarrollo. De un verdadero desarrollo. Por decirlo de otra manera -y discúlpesenos la frase hecha- de un desarrollo sostenible . La luz que Don Merlín, en la más hermosa de las narraciones gallegas, volvía azul, se mantiene en Esmelle, a Dios gracias, intacta. Y en verdad es una maravilla poder disfrutar de ella. O no solo de ella, vaya, bien se entiende, sino sobre todo de cómo esa luz comienza a envolver el mundo cuando allí llega.
No es extraño, por tanto, que también esa morada de Merlín, y todo cuanto la rodea, sea muy proclive a tesoros. Tesoros -citemos al clásico de nuevo- grandes e pequenos , claro que sí. Nosotros, particularmente, y puestos a elegir, nos quedamos con los segundos. Como las hogueras que allí se encienden en la noche más corta del año. O como la carrera pedestre que guarda vivo el recuerdo (¿no es verdad, Hombre Irazu...?) del Calvo de Lubián. O como la romería (sin santo, pero con un castro en el que los seres del Trasmundo se aparecen) en la que se reviven los tiempos en los que las estrellas todavía hablaban tras cada puesta de sol.
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"Es lo más parecido a seguir estando contigo"..en Ferrol..sept...K...


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