Alguien escribió que el cuerpo es la máscara que nos contiene. Y no dejará de sorprenderme la obra musical de tipos duros como el músico de jazz Ben Webster, capaz de soltar un puñetazo a la cara de cualquiera antes o después de acariciar los corazones con ese sonido rotundo pero suave de su saxo tenor. Cuentan que no había cosa peor que hacer despertar a Ben Webster. Cuando los músicos de la banda acudían a casa de su madre para recogerle camino de una actuación, sólo ella podía subir a llamar a su habitación. Y todo ello con sumo cuidado, porque lo que éste hacía nada más ser sacado de su sueño era intentar golpear a quien lo hacía. Luego, sobre el escenario, el equilibrio entre la vigilia y el sueño se hacía música.
en estio Kero
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