Buscar este blog

lunes, 4 de agosto de 2014

El niño es un sonambulo...

“…El niño hace y piensa lo que se enseña y lo que le dicta su instinto. Pero de lo que él piensa, ¿Qué expresa? Nada. ¿ Porque no conoce todavía el empleo del lenguaje? Esto es lo que imagina de buena gana nuestra pereza, olvidando lo que puede ser un pensamiento informulado……..Si, por medio de alguna técnica improbable, se llegara a poder inyectar un lenguaje de adulto a un niño de cinco años, yo digo con conocimiento de causa que este idioma no serviría más que para disparar vanos mecanismos sin permitir expresar nada. Y es que el pensamiento infantil es el de la especie humana, no el de una cultura, y las culturas más avanzadas no han hecho más que iniciar la exploración del hombre.
Cuando me quedo en silencio para dejar resurgir en mi al chiquillo que veía girar las estrellas, lo que encuentro es inexpresable. Las palabras silencio, belleza, recogimiento, amor y deseperación no son más que engaños que sólo son buenos para recubrir de ideas verosímiles determinada situación. Yo no estaba desesperado ni recogido; todo esto hace falta aprenderlo y yo no sabía nada. La frase más verdadera sobre mi situación de entonces – la de un niño despertado en su sueño – me la dijo un día Cocteau : “Todos nos caemos de nuestra infancia; tú te has roto al caer” Lo que, en realidad, se había roto era la mecánica protectora que impide que el niño se despierte antes del final de su trayectoria. Sobre esta trayectoria yo avanzaba con los ojos abiertos. Y lo que veía está todavía presente en mí. Yo entré en la adolescencia, y luego en la edad madura, sin salir nunca de la infancia. La flaqueza del lenguaje inventado por los adultos para el pensamiento adulto permite únicamente expresar aquel pensamiento; el niño está en mí y quedará para siempre mudo. Pero por el hecho de estar allí, siempre consciente de que lo que expresa no es más que un aspecto de las cosas y de que el lenguaje fue dado al hombre para disimular sus pensamientos, me atrevo a decir que nunca dejaré de prestar cierta atención vigilante hacia lo inexpresable, lo invisible, lo improbable y lo no humano. Cuando se ha comprobado una vez que la la primera inclinación de las palabras es el inventar coherencias superficiales, ya no se deja nunca de desconfiar de las palabras y de las evidencias fáciles que éstas ofrecen.” Aimé Michel (*)


(*)Atacado de poliomielitis a los cinco años, un poeta que es, además, un investigador interroga los misterios del alma infantil.

No hay comentarios:

Publicar un comentario