
Recuerdo el tiempo en que creía no
recordar. Donde el día a día era un paseo entre unas alejadas
acacias y atardeceres en los que no recordabas pasado sino que
soñabas futuro

Cuando empezaron a fijarse los
recuerdos en mi espíritu, empezaron también las sensaciones de
pesadilla

Aunque sí que también había
realidades de felicidad. Una mano fuerte que te deja un apretón en
las tuyas. Los olores del mar gallego, que depositan una sensación de
acidez en la boca. Esa comida que alienta los sentidos. La lucha que
te une al ser humano. Pero...
¿Se puede recordar el amor a la
vida?
No hay comentarios:
Publicar un comentario