Tu mirada…siempre perdida…tal vez porque tu lóbrega celda no tiene nada que contemplar más que unos muros de piedra ennegrecida.
Los objetos de la estancia, se pueden contar con los dedos de las manos. Una gran cama es lo único significativo. En unos estantes, los utensilios básicos de higiene…aunque quien sabe cuantas cosas han podido contagiarte ya…
Al principio, te daban productos de belleza, cuando eras más joven y lozana. Ahora sabes que vienen a por ti solo los más pervertidos, los que aceptan como un reto esa fija mirada tuya…sin vida pero sin miedo…ya no…
Hace unos días oíste gritos. Sabes que alguna mujer nueva ha llegado a ese lugar invisible para el mundo…seguramente casi una niña…pronto tendrá que acostumbrarse a todo el sadismo del que el hombre es capaz…a todo el asco que una mujer es capaz de soportar…o no…
Tu al principio te obsesionabas con el suicidio. Pero eso era algo prácticamente imposible. No comer nada acarreaba tales humillaciones y maltrato…que terminabas comiendo tus propios vómitos.
Ya te has acostumbrado (¿te has acostumbrado?)…nos sabes los años que llevas aquí, pero ahora debes de tener…unos 27…afortunadamente no tienes un espejo donde contemplarte.
Pronto estarás demasiado ajada y se desharán de ti…al fin…mientras tanto…vives pendiente de los pasos “reconocibles”…pasos que se acercan aún a tu celda.
¿Por qué las mujeres no mueren en las guerras? ¿Por qué muchas sobreviven como objetos sexuales, destinadas a la tortura y el horror?...
Pero ahora mismo anochece…el pequeño ventanuco del techo lo atestigua…por hoy te dejarán tranquila…intenta dormir…igual tienes suerte y ya…no te despiertas…
A vosotras mujeres…no podemos vengaros, pero no os olvidaremos
Algún día saldrán a la luz miles y millones de nombres de mujeres vejadas, torturadas, asesinadas…y con suerte habrá otra lista de sus verdugos…pero sí…ya lo sé…no hay muro capaz de contener tantos nombres…tanta verguenza...
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