Estamos tumbados en nuestra cama, desmadejados,
como si nos hubiera alcanzado la onda expansiva
de un poderoso explosivo de amor y sexo;
te recorre un escalofrío y te acercas al calor de mi cuerpo
elevo la mano hasta tu hombro como si te protegiera con una invisible manta,
y te arrebujas contra mi pecho cual animal entregado y tembloroso;
y nuestras pieles se estremecen de nuevo, y nuestra bocas se buscan al unísono,
y el blando lecho crece con el silencio, mientras de nuevo
recomenzamos el ritual de sonidos y movimientos...
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